Hay personas que llegan a terapia diciendo que no saben cómo se sienten. Como si vivieran desconectadas de sí mismas, funcionando en automático, sin disfrutar plenamente de la vida pero tampoco pudiendo conectar del todo con el dolor. No pueden sentir plenamente ni lo positivo ni lo negativo, viviendo una especie de aplanamiento emocional.
Este fenómeno, conocido también como desconexión emocional o embotamiento afectivo, es más frecuente de lo que parece, sobre todo en personas con historias de trauma, apego inseguro o duelos no resueltos.
Aunque desde fuera pueda parecer frialdad, apatía o incapacidad para sentir, muchas veces la desconexión emocional tiene una función mucho más profunda: proteger.
El duelo no elaborado y el rol de sostén emocional
Juan (nombre ficticio), por ejemplo, había crecido en una familia atravesada por la muerte de su padre y por emociones que nunca podían hablarse. Desde niño aprendió muy pronto a ser quien daba alegría a la casa, minimizando el dolor. Hacia fuera siempre había una sonrisa y aparentaba ser un chico alegre, pero Juan se encontraba profundamente desconectado de sus propios deseos y emociones, viviendo una vida que sentía ajena.
Ahora Juan se siente insatisfecho con su vida. Siente que muchas de sus decisiones y relaciones han estado marcadas por la necesidad de no preocupar ni decepcionar a los demás.
En terapia, Juan tuvo que darse permiso para elaborar de manera individual un duelo que había quedado congelado a nivel familiar. Este tipo de duelo silenciado o no elaborado es especialmente frecuente en familias donde el dolor no encuentra espacio para ser nombrado. Poco a poco, comenzó a dejar de ocupar el lugar de quien protegía emocionalmente a los demás y pudo empezar a preguntarse quién era y qué estilo de vida quería realmente para sí mismo.
El apego evitativo y el miedo a depender
Leticia (nombre ficticio), en cambio, había aprendido que debía sostenerse sola emocionalmente. Su infancia estuvo marcada por la mala relación de sus padres y su divorcio, criada y educada por una madre sola y un padre poco implicado. De esta forma fue desarrollando una forma de relacionarse basada en la autosuficiencia y la distancia emocional, lo que en terapia de apego suele entenderse como un estilo de apego evitativo.
Para estar con alguien había que cubrirse bien las espaldas. Era mejor no necesitar demasiado, no depender demasiado, porque podían abandonarte o decepcionarte.
Sus vínculos eran estables, pero emocionalmente poco profundos. Y cuando por primera vez deseó una relación más íntima y cercana, apareció el miedo a depender, confiar y sentirse vulnerable.
En terapia, Leticia comenzó a aprender algo que hasta entonces había resultado muy difícil: confiar en otra persona, permitirse sentir dolor y mostrarse vulnerable sin sentir que eso suponía ponerse en peligro emocionalmente.
La baja tolerancia a la incertidumbre y el bloqueo emocional
En el caso de Esteban (nombre ficticio), la desconexión emocional apareció de otra manera. Creció en una familia con valores muy rígidos y un camino vital bastante marcado. Durante mucho tiempo se sintió seguro siguiendo aquello que se esperaba de él, pero el conflicto apareció cuando comenzó a construir su propia vida y tuvo que empezar a decidir por sí mismo.
Esteban llega a terapia sintiéndose bloqueado emocionalmente, atrapado en pensamientos obsesivos y con una gran dificultad para conectar con lo que realmente quería. Poco a poco, empieza a descubrir que detrás de ese bloqueo había un miedo muy profundo a equivocarse, a no tener certezas y a hacerse responsable de sus propias decisiones.
En terapia, Esteban tuvo que aprender a tolerar la incertidumbre, sentirse inseguro sin necesitar controlar constantemente el futuro y aceptar que vivir también implica equivocarse.
Entender la desconexión emocional para volver a sentir
Aunque sus historias son diferentes, en los tres casos la desconexión emocional cumplía una función de protección.
- Proteger a la familia.
- Protegerse del abandono.
- Protegerse del dolor.
- Protegerse de la incertidumbre.
Porque muchas veces no es que la persona no pueda sentir. Es que, en algún momento de su historia, sentir determinadas cosas resultó demasiado doloroso, peligroso o difícil de sostener.
Y cuando eso ocurre, la mente y el cuerpo aprenden a adaptarse.
El problema es que aquello que un día ayudó a sobrevivir puede acabar alejándonos también de nosotros mismos, de nuestros deseos y de la posibilidad de vivir relaciones y vidas más auténticas.
Por eso, en terapia, muchas veces el trabajo no consiste únicamente en “volver a sentir”, sino en comprender primero por qué fue necesario dejar de hacerlo.
Aunque cada historia es distinta, todas comparten algo: la desconexión emocional no es ausencia de sentimientos, sino una forma de protección que un día tuvo sentido. Reconocerla es el primer paso para reconectar.
¿Te sientes identificada/o con alguna de estas historias?
Si reconoces en ti esa sensación de vivir desconectada de tus emociones o de tus deseos, trabajar la desconexión emocional en un espacio terapéutico puede ayudarte a comprender qué necesitó protegerse en su momento y a recuperar el contacto contigo misma o contigo mismo. En mi consulta de psicología en Madrid (Hortaleza) acompaño procesos de terapia centrados en trauma, apego y duelo. También ofrezco terapia online para toda España.
Si quieres, puedes reservar una primera sesión y vemos juntas si puedo ayudarte.