Identidad y pertenencia: lo que Harry Potter nos enseña sobre quiénes somos

El otro día estaba viendo el tráiler de la nueva serie de Harry Potter y me emocionó profundamente. Quizá porque habla, sin saberlo, de algo que trabajo cada día en consulta: la construcción de la identidad.

Yo no leí los libros de pequeña, sino de adulta, en un momento en el que me estaba acercando a mi infancia y a esa famosa “niña interior”. Leerlos desde ahí me hizo reflexionar sobre algo que trabajo cada día en consulta: cómo se construye nuestra identidad, y cuánto depende del contexto y de las relaciones en las que crecemos.

Harry Potter y la identidad que no pudo construir

Harry crece con sus tíos y su primo, los Dursley, en una casa donde no hay espacio para él. Duerme en la alacena bajo las escaleras, usa la ropa vieja de su primo, nadie celebra su cumpleaños, crece sin amigos.

Y además, crece sin conocer la verdadera historia de sus padres.

Harry crece sin saber quién es realmente.

Desde ese vacío, recibe un trato despectivo, miradas de desprecio y agresiones constantes de su primo. Su tía llega a decirle: no hay nada de especial en ti.

No hay espacio para su historia. No hay espacio para conocerse, para vincularse, para construirse.

Y Harry empieza a construirse desde ahí: con una profunda sensación de no merecer nada bueno, de no aportar nada, de estar de más.

Una mirada diferente lo cambia todo

Pero un día, algo cambia.

Aparece Hagrid.

Irrumpe en casa de sus tíos y no solo le trae una carta o la entrada al mundo mágico. Le trae una nueva narrativa.

Le habla de sus padres. Le cuenta quiénes eran realmente. Y lo hace con admiración, con cariño, con orgullo: son las personas más amables, valientes e inteligentes que he conocido, le dice.

Y en ese momento, algo se enciende dentro de Harry:

si ellos eran así… algo de eso habrá en mí.

Harry empieza a mirarse con otros ojos.

A partir de ahí, empiezan a aparecer otras miradas. Personas que le ven. Que le nombran. Que le reconocen.

Sus amigos (Ron, Hermione) y algunos profesores que confían en él le hacen llegar, con palabras y de muchas otras formas, la idea de que es valiente, leal, capaz. Esperamos grandes cosas de ti, le dicen.

Y poco a poco, Harry empieza a percibirse de forma diferente.

No porque cambie quién es, sino porque por primera vez hay espacio para que se construya de otra manera. Cambia el espejo en el que se mira.

La construcción de la identidad: en relación, no en el vacío

La identidad no se construye en el vacío. Se construye en relación.

En las miradas que recibimos, en los vínculos que tenemos, en los espacios a los que pertenecemos.

Por eso, cuando Harry llega a Hogwarts, no solo aprende magia. Empieza a reconstruirse por dentro. Y eso tiene consecuencias: le permite afrontar dificultades, asumir retos, hacer nuevos amigos y sostenerse incluso cuando vuelve a casa de sus tíos. Porque ya no depende solo de esa mirada. Ahora sabe que merece cosas buenas.

La mirada y el trato externo pueden cambiar profundamente la imagen que tenemos de nosotros mismos (sobre quiénes somos y qué merecemos) y eso transforma nuestra manera de estar, de pensar, de comportarnos y de relacionarnos.

Lo que hacemos en terapia

En terapia, muchas veces, hacemos algo parecido.

Exploramos de dónde viene la imagen que tienes de ti mismo. Qué miradas te han construido. En qué espacios aprendiste quién eras.

Y, poco a poco, vamos generando nuevas experiencias. Nuevas formas de mirarte. Nuevos lugares de pertenencia.

No sé si se llama magia, pero desde luego se le parece bastante.

Y quién sabe si, quizá, podamos hacer magia juntos.

¿Sientes que algo no encaja en la imagen que tienes de ti mismo?

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